Nací y crecí en El Puerto de Santa María. Quienes venimos de la Bahía de Cádiz llevamos la cultura del turismo y el ecosistema del vino impregnados en la piel. Desde pequeños interiorizamos cómo una ciudad respira, se transforma y prospera cuando sabe empaquetar su esencia y enseñársela al mundo. Sin embargo, hace ya tres años que cambié la sal del Atlántico por el inmenso mar de viñedos y olivares de la Campiña Sur cordobesa.
Vivir en Montilla durante estos últimos treinta y seis meses me ha dado una perspectiva privilegiada. He pasado del asombro del visitante a la comprensión del residente, y el diagnóstico es claro: Montilla es un diamante con un potencial turístico inabarcable que apenas está rascando la superficie. Al pasear por sus calles o perderme por su sierra, no puedo evitar que mi mirada «portuense» analice todo lo que esta tierra tiene por ofrecer y que, por timidez o falta de costumbre, aún no exprime al máximo.
Aquí desgrano las claves del inmenso tesoro sin explotar que guarda mi actual hogar.
El Imperio del Pedro Ximénez: La Revolución del «Tardeo» y los Lagares
En El Puerto conocemos el magnetismo del Marco de Jerez. Os aseguro que Montilla no tiene absolutamente nada que envidiar, pero necesita diversificar su oferta. Aquí tenemos un patrimonio enológico único en el mundo: la exclusividad de la uva Pedro Ximénez, la magia del velo de flor y unas catedrales del vino repletas de tinajas imponentes.
Pero el enoturismo del siglo XXI exige ir mucho más allá de la clásica visita guiada a la bodega urbana de turno en horario de mañana.
- La Sierra de Montilla como Parque Temático Natural: El paisaje ondulado de los pagos de Montilla es un espectáculo visual. Faltan experiencias inmersivas en los lagares: catas al atardecer con música en directo, «tardeos» entre cepas, o cenas maridadas bajo las estrellas.
- Turismo de Vendimia: La pasera (el secado de la uva al sol) es un espectáculo hipnótico y exclusivo de esta tierra. Convertir este proceso en paquetes donde el visitante entienda, pise y viva la transformación de la uva generaría una demanda internacional altísima.
Una Historia de Novela que Necesita un Narrador
Si en cualquier otra ciudad europea tuvieran el lugar de nacimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán», el castillo donde se forjó su leyenda, o la casa donde el Inca Garcilaso de la Vega escribió buena parte de su obra durante treinta años, habría colas interminables en las taquillas. A esto sumemos la huella de San Juan de Ávila.
Montilla posee un patrimonio abrumador, pero las piedras, por sí solas, no siempre saben hablar.
- El Eje de los Dos Mundos: La conexión histórica de Montilla con América a través del Inca Garcilaso es un filón para atraer turismo académico, cultural e internacional.
- Inmersión y «Storytelling»: Faltan rutas teatralizadas de alta calidad, visitas nocturnas de misterios y leyendas, y una musealización más interactiva que atrape al turista de fin de semana y lo transporte al siglo XVI.
El Santuario del «Slow Travel» y el Turismo Activo
El turista moderno, especialmente el que deja dinero, huye de las masificaciones costeras que tan bien conozco. Busca silencio, autenticidad, paisaje y un ritmo más humano. Montilla lo tiene de serie.
- Cicloturismo y Senderismo Entre Viñas: La red de caminos rurales es perfecta. Se necesita una apuesta firme por rutas señalizadas para bicicletas de montaña o eléctricas, conectando lagares, miradores y antiguos cortijos.
- El Despertar del Oleoturismo: A menudo eclipsado por el vino, el Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de la zona es un oro líquido de primera. Hacen falta más almazaras que ofrezcan «desayunos molineros» inmersivos y catas de aceite como reclamo turístico principal.
- Alojamiento Singular: Para retener al turista y que no sea un mero visitante de paso desde Córdoba capital, es vital fomentar una red sólida de alojamientos rurales con encanto y hoteles boutique integrados en el paisaje o en casas palacio del centro.
Gastronomía: De la Taberna al Reclamo Internacional
En estos tres años he comprobado que en Montilla se come de forma excepcional. Sus tabernas son auténticos santuarios de vida social y tradición. Pero falta dar el salto de «comer bien» a «turismo gastronómico».
- Puesta en Valor del Producto Local: Es necesario estructurar la oferta culinaria creando rutas oficiales de la tapa, semanas gastronómicas tematizadas (el ajo blanco, los flamenquines, la reducción de PX) y fusionar la gastronomía con paquetes de agencias de viajes. La taberna montillana debe promocionarse como una experiencia cultural en sí misma.
Una Reflexión desde el Sur del Sur
A veces, cuando vives inmerso en la belleza cotidiana, corres el riesgo de normalizarla. Quizás eso le ocurra a muchos montillanos de toda la vida. Pero visto con los ojos de alguien que nació en una de las cunas del turismo andaluz y que ahora respira el aire de la Campiña a diario, el veredicto es innegable.
Montilla lo tiene absolutamente todo: un paisaje idílico, una historia de guion cinematográfico, vinos que son patrimonio mundial y una tranquilidad envidiable. Lo único que le falta es sacudirse los complejos, tejer una alianza inquebrantable entre instituciones, bodegueros y ciudadanos, y creerse, de una vez por todas, que está destinada a ser la capital indiscutible del turismo de interior en Andalucía. El día que ese gigante despierte del todo, yo estaré aquí, en mi casa, levantando una copa de amontillado para celebrarlo.
Victor Manuel Vaca Arcila


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