Tribuna Libre.- Hay momentos y situaciones en la vida difíciles de describir, situaciones en las que no sabes qué puedes haber hecho para que ciertas personas te deseen tanto mal. Es difícil plasmar en pocas líneas tanto sentimiento y tanto daño ocasionado.

Hace unos días, cuando le conté a un amigo que se había archivado definitivamente aquella denuncia que los “socialistas” de mi pueblo pusieron contra mi persona, me dijo estas palabras: “Celébralo, tómate un buen vino a nuestra salud”. Yo le respondí: “Es solo satisfacción y certeza de lo que he hecho no era nada malo, dejaré la celebración para ocasiones mejores”.

Era el día 26 de Junio de 2015, plena feria de San Juan. Hacía pocos días que habíamos iniciado un nuevo mandato político. Para esas fechas, como ha ocurrido siempre, y sobre todo estando ya en fiestas,  se debería haber enterrado el “hacha de guerra”  propio de la campaña electoral, la cual, no olvidemos, fue más beligerante de lo habitual (denuncias por amenazas, insultos, etc.) y cuyo final desembocó en una condena judicial al candidato del PSOE. Fue entonces cuando quien había sido vocal de la Junta Vecinal hasta ese inicio de legislatura, Agustín Vega Pérez, presentó denuncia en los juzgados acusando a este Alcalde de haber suministrado agua de forma fraudulenta a un familiar.

¿Si ya no era vocal de la Junta Vecinal, por qué firma la denuncia en calidad de tal? ¿Si ya el pueblo habló en las urnas, a qué viene ahora esta actitud revanchista y de venganza? ¿Qué puede motivar su actitud contra el hecho de que nuestro pueblo gestione su propia agua? ¿Por qué entonces y no cuando se autorizó el suministro de agua a la vivienda en cuestión? Son las preguntas que te asaltan cuando el juzgado te comunica la denuncia y te remite la primera citación.

Me citan a mí y a mi familiar, que también figuraba en la denuncia. ¿Por qué tiene que verse mi familiar metido en este asunto, cuando lo único que hizo fue solicitar alta en el servicio de agua de su Ayuntamiento, al igual que otros ciudadanos?  ¿Por qué ser familia de un alcalde puede llevar a alguien a estos malos tragos? Y no solo malos tragos, también desembolso económico, porque, Miguel Martín, jornalero agrícola, ha tenido que pagarse un abogado que le defendiera y perder días de trabajo para ir a los juzgados. Y todo ello gracias a un “socialista obrero español”, persona que guiada por el odio personal, con una maldad inimaginable, no sólo actúa contra el alcalde, sino que además lo hace contra su familia.

Aunque siempre estuve tranquilo, con la convicción de haber actuado bajo el derecho que me asiste como alcalde y en la obligación de dar un servicio al que tienen derecho los vecinos, tener que acudir a un juzgado nunca es algo grato. En la primera visita se decide “investigar” el asunto, y por tanto, a partir de entonces, soy “investigado”, sin tan siquiera haber podido enseñar el primer papel o decir la primera palabra en mi defensa que aclarase el asunto. Recuerdo que aquel día, en el bar de la plaza del pueblo, hubo quienes celebraron una fiesta. “Ya el alcalde tiene un pie en la cárcel”, se oía entre vítores.

Quizás el Sr. Vega vio satisfecha su sed de venganza por haber descubierto en su día la “gran mentira del agua del PSOE”. O, quién sabe,  quizás con eso el Sr. Vega cumplía con algún “compromiso” contraído de antemano con Aqualia. Pero estoy convencido de que también se perseguía otro objetivo más ruin si cabe: llevar a la cárcel a este Alcalde e inhabilitarlo para cargo público, y conseguir así que el candidato a la alcaldía por el PSOE accediera por la “gatera” a la alcaldía de Torrecera.

Un asunto oscuro sin duda, en el que, henchidos de odio y ayudados por compañeros de Jerez, no sólo participaron estos dos personajes, sino otros vecinos del pueblo que, bajo su carnet socialista, se jactaban de ello. Y digo oscuro porque, durante este año y medio que ha durado la instrucción, he podido ver actuar al PSOE de Torrecera al más puro estilo de la “Cosa Nostra”, amenazando y extorsionando, con nocturnidad y alevosía, a  un empleado municipal en su propia casa para que declarase contra el Alcalde a pesar de no ser esa su voluntad.

Y por fin llegó el día, pudimos hablar ante la juez, pudimos presentar papeles, muchos papeles… Pudimos demostrar que llevamos la gestión del agua, que desde enero de 2015 era nuestra responsabilidad, una obligación por Ley para el Ayuntamiento de Torrecera y un derecho de sus ciudadanos. Por eso desde enero de 2105 hemos dado agua a 20 viviendas en nuestro pueblo, a 20 familias de Torrecera, una de las cuales es familia mía.

Desde el inicio, tanto la jueza como el fiscal propusieron archivar la denuncia porque no apreciaban ningún acto delictivo, pero los socialistas, no conformes, recurrieron el fallo judicial. Se ratificó el archivo de la causa, pero el PSOE volvió a recurrir, esta vez ampliando la demanda a cuestiones de salud pública, denunciando que el personal del ayuntamiento no tenía cualificación (para que luego digan que no iban de la mano de Aqualia). Una vez más se dictaminó el archivo de la denuncia, pero volvieron a recurrir. Por cierto,  ¿quién les paga los gastos judiciales?

Y finalmente, la Sala Octava de la Audiencia Provincial ha archivado definitivamente la denuncia, apreciando que no hay delito penal ni atentado contra la salud pública.

Ha sido un año y medio largo, duro,… muy duro. Y aunque siempre estuve concienciado de las dificultades y amenazas a las que tendría que hacer frente por defender los intereses de mis vecinos ante estas tramas empresariales tan poderosas, para lo que no estaba preparado era para ver que la trama más peligrosa estaba cerca de mí, junto a mí… estaba entre mis vecinos.

Personas que sin ningún tipo de escrúpulos son capaces de vender al diablo a sus propios convecinos. Personas que permiten y autorizan que saqueen y roben los bolsillos de nuestros vecinos. Personas que piensan que el fin justifica cualquier medio. Personas que no tienen ningún reparo en intentar mandar a alguien a la cárcel injustamente porque se les interpone en el camino. Personas a las que no les importa destruir una familia. Personas a las que no les importa fastidiarle la vida a un jornalero por ser familiar del Alcalde. Personas que no tienen reparos ni escrúpulos para amenazar y extorsionar a un trabajador con el objetivo de que declare contra otro.

Y ahí siguen, a lo suyo, contaminando a la opinión pública con calumnias y falsedades, confundiendo el ejercicio de la política con un “juego de tronos” sin escrúpulos. “Sí a la gestión pública – dicen – pero no desde el Ayuntamiento de Torrecera”. Hipócrita. Fariseos.

Pero no les tengo odio, más bien me compadezco de ellos. Me compadezco de todas esas personas que han protagonizado o consentido tan bajuna y deleznable acción contra mi persona, contra mi familia, contra los trabajadores y contra los vecinos y vecinas de Torrecera. Me compadezco porque son enfermos… enfermos de odio, maldad y ambición. Muy posiblemente sea la propia vida,  que suele devolver a cada cual lo que siembra, quien se encargue de dar a cada uno lo que le corresponde.

Yo seguiré siendo quien soy y seguiré trabajando como siempre.

Un abrazo a todos y todas.

Manuel Bertolet

Alcalde de Torrecera    

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