• “Hay que destruir cualquier autoridad que no pertenezca al pueblo”. Thomas Jefferson, peligroso populist… ah, no, Padre Fundador de la Nación más poderosa del planeta.

Tribuna Libre.- Provoca estupor que a nuestros grandes politólogos encastados y apesebrados docentes, a ‘izquierda’, derecha o centro, no les interese casi nada la epopeya del nacimiento administrativo de la República de las Leyes en los EEUU. O el período de la Ilustración y la Democracia moderna con Montesquieu. Ni el esfuerzo del Precursor Francisco de Miranda -muerto en Cádiz- en estos campos de la armonización social y económica, para no dejarse avasallar por espurios poderes minoritarios, tan ensoberbecidos como tiránicos. A muy pocos importan estos temas en los institutos, academias, universidades, y en el ámbito político profesional. Quedan reducidos a seminarios o ensayos de especialistas sin apenas salir de esos estrechos márgenes.

Por otro lado, en el seno de las formaciones del Régimen partidocrático, bien que se blindan notarialmente de estatutos, actas oficiales, y una escrupulosa metodología democrática. Así les vemos afanarse en fórmulas equitativas y transparentes de votaciones, primarias, paridades, etc. Desde Echenique a Cifuentes, de la formación de Junqueras a la de Rivera. En mayor o menor medida todas, todos y ‘todes’ comparten la necesidad de una estructura no cortijera para dotar de cohesión a sus respectivos tinglados.

Por ello provoca la irrisión colectiva, cuando no la suma repulsión por su impostura, que eso mismo por lo que se esfuerzan internamente no lo hagan extensivo al propio Estado heredado del tardofranquismo. Los que se erigen en sucesores del 15M olvidaron, al parecer, el ‘lo llaman democracia y no lo es’ y el ‘no nos representan’. Lo que es bueno de puertas para adentro, lo omiten de forma vergonzante en la calle y en las instituciones.

También los liberales ‘avant la lettre’, hasta hace poco paladines de la libertad de expresión, de la liberalización comercial, del derecho a todas las cívicas libertades… sufren amnesia al pisar la moqueta del despacho, y raudo inclinan la cerviz ante poderes bancarios extranjeros, incentivando una impagable deuda pública. Y aún peor, consienten la usurpación de la soberanía estatal por las maquinaciones ocultas de un jerarca de Roma mitrado, en todas las esferas del Estado, sin respetar ni el Poder judicial o la misma ‘afinada’ fiscalía.

En lo que las actuales sociedades civilizadas, de millones de personas, se han puesto de acuerdo ha sido en el establecimiento de elaboradas formas organizativas para no convertirnos en amos o esclavos, sino en ciudadanos. Así nació la Separación de Poderes en origen, ejercicio y funciones… la genuina Representatividad política, para evitar las autocracias, la corrupción impunes. Hay que estar muy ofuscado por el narcisismo o el autismo intelectual para que la sedicente oposición en pleno se trague que Cospedal comparezca en Sede Parlamentaria y diga hablar ‘en nombre del Estado’… ¡sin hallar contundente réplica inmediata!

No, de ninguna forma, en nombre del Estado sólo puede hablar quien ostente la jefatura del mismo. Por eso Hollande, por ejemplo, en calidad de Presidente de la República utiliza expresiones del tipo ‘Francia cree’ o ‘Francia no acepta’, hablando en primera persona. Una ministra de Defensa carece de legalidad y legitimidad para hablar en nombre de todo un Estado, sólo representa a un gobierno o a sí misma. El ‘perdón’ soberbio de la exMiss Albacete a las víctimas del YAK-42 ofende más que el silencio. Confundir Estado con gobierno es propio de dictaduras totalitarias (o Estado de derecho con Estado democrático). Y queda la pregunta más inquietante: si de esa manera trataban a sus valerosos militares en misiones de alto riesgo, ¿qué podemos esperar los civiles de a pie?

Se reconoce si estamos en una auténtica Democracia, desde Pericles, si los gobernantes establecen como prioridad la salvaguarda del bienestar del Pueblo, del Bien Común. La máxima atención, por tanto, debe ser la vida de sus ciudadanos. Algo que no parece demostrar el alcalde sevillano Juan Espadas, el cual ordenó a su policía local hace dos inviernos arrasar el llamado Campamento Dignidad a las dos de la madrugada, en el que los Sin Techo de la capital reivindicaban transparencia y control civil en los fondos públicos, destinados a ese concepto. Algunos han muerto ya tirados en la calle, otros se han suicidado. Aunque esto no aparecerá en la mayoría de los noticieros, ocupados en realidades de mayor relevancia humana, como la temporada de esquí, el día de la croqueta o qué mascarón de proa se atornilla a la poltrona.

Si tenemos en cuenta que la propia PSOE, cuando gobernaba con IU, votó a favor de condenar con multas a indigentes (¡?) por rebuscar en la basura (sanciones elevadas al doble con el PP), podremos entender qué clase de justicia, empatía y solidaridad manifiesta la castuza política con la sociedad civil más desfavorecida. Incluso juzgan en estos días al activista Lagarder Danciu, andalusí de adopción, por protestar ante los setenta agentes que arrasaron el Campamento Dignidad, el día del desalojo y destrozo de las míseras pertenencias de esos infelices. Por tratar de devolver la esperanza a las personas Sin Hogar…

Sevilla, protectora Madre de tantos perseguidos, de tantos proscritos, no puede ser humillada ni un minuto más, obligada a que pierda lo que la hizo y hace distinguirse de tantas urbes, orgullo de Andalucía entera, lo que la ensalza en grandeza: su inmensa Humanidad.

¡Exigid de inmediato la dimisión de su alcalde Juan Espadas y de cuantos le apoyen!
Al-Hakam Morilla Rodríguez, Coordinador de Liberación Andaluza. @lascultura

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