Tribuna Libre.- “La política y el comercio en forma desarrollada -arte de obtener sobre el contrario éxitos positivos mediante superioridad espiritual- son substitutivos de la guerra con otros medios”. Oswald Spengler
Con la ‘cultura’ colonial nacional-católica, no exclusiva sólo de Andalucía, el desprecio tácito o descarado a la lícita actividad comercial reina. La ‘limpieza de sangre’, instaurada por la reina de la Camisa Puerca Isabel la Caótica, infundía suspicacias sobre todas las profesiones. Las únicas actividades honradas en una familia rancia clerical-castellanista consistían en heredar los bienes inmuebles familiares, el ejercicio de las armas, y servir a la Iglesia de Roma, única y verdadera por la gracia del Oficio de Tinieblas. Cualquier oficio fue más o menos condenado, sospechoso de ‘contaminación racial’, manifestación de ‘suciedad de sangre’, sobre todo la vinculada al ideario judío, islámico o luterano, juzgado con mistificación ‘razas’. A nadie debe extrañar, por tanto, que a pesar del incesante lucro de las minas de oro y plata ‘americanos’ -en una magnitud tal que podría haberse hecho con holgura un puente (sic) hasta la Luna con estos metales-, los grandes beneficiarios fuesen banqueros e industriales alemanes y de los Países Bajos.
Tales réditos ingentes llegaron a acumular los Principados alemanes soberanos, que en el área protestante del Flandes del Imperio guerrearon los sediciosos para zafarse de la subordinación impositiva al aborrecido monárquico-papismo. La excusa de la religión, por ambas partes, no conseguía encubrir motivaciones económicas de fondo. Ello daría lugar a la Guerra de los Ochenta Años contra los ‘herejes’ -calificativo empleado por los dos bandos para las masacres-, la cual se tragó recursos descomunales y aniquilaría la vida de miles de soldados bisoños -infinidad de ellos andaluces y extremeños- en el ‘Infierno verde’ de los Países Bajos. Ciudades enteras arrasadas y exterminados todos sus habitantes, el terror de la Inquisición, la barbarie más extrema contra el Pabellón independentista de la Casa de Orange-Nassau. Todavía allí para asustar a un niño con ‘que viene el coco’ se le dice ‘que viene el duque’, por aquel implacable matarife de Alba, generalísimo de la Corona de los Austrias.
Triste es comprobar como en numerosas ocasiones las víctimas se transforman en verdugos al llegar al poder. Utilizan incluso técnicas de opresión similares a las de sus tiranos antes contra su Pueblo o creencias. Deportaciones, expolios, el genocidio… constatables por ejemplo en Palestina, o aquel de los colonos ‘boérs’ o ‘afrikáners’ germano-neerlandeses del apartheid surafricano, expertos destripa-zulúes, en su inmensa mayoría sádicos descendientes de los Países Bajos y territorios limítrofes germano-parlantes, con diversos dialectos.
Con esa amarga experiencia histórica descorazona verificar como se vuelve a los mismos errores, aprovechándose de la ignorancia o estupidez de los indígenas explotados, y la perversa complicidad de muchas ‘autoridades’. Lo que hace a la sociedad civil aborrecer a la casta política no son abstractas cuestiones de ideología, sino la percepción de que no les representan, e incluso sirven a intereses extranjeros. ¡Qué distinto en otros Estados, incluso más subdesarrollados que el nuestro, donde sí se aplica el principio de reciprocidad en defensa de sus naturales! Por ejemplo cuando los controles aduaneros a hombres de negocios brasileños, muchos de ellos mulatos, incluyeron en Barajas desnudarles y escrutar sus orificios íntimos digitalmente en estrictos registros. Se quejaron ante su embajada y hasta que en las fronteras aeroportuarias de Brasil no aplicaron los mismos métodos a empresarios españoles, no cesó el imprudente celo.
Otro caso ilustrará la cuestión. Contaba hace poco un emigrante su experiencia en la autodenominada Europa de la libre circulación de capitales y trabajo. Acababa de terminar sus estudios de Imagen y Sonido, hablaba inglés, y pensó que hallaría empleo en Ámsterdam, la pujante capital de los Países Bajos. Con todos sus ahorrillos arribó allí el ‘ciudadano europeo’ meridional. Quiso buscar algún trabajo en su sector y le indicaron que para ello era obligatorio empadronarse en la ciudad. Fue al Ayuntamiento y le aclararon que para lograrlo debía tener un contrato de alquiler. Intentó conseguirlo y los arrendatarios le dijeron que para hacérselo precisaba estar contractualmente empleado. En ese bucle kafkiano le tuvieron mareado varias semanas hasta que no le le quedó más remedio que retornar a Andalucía con lo puesto. A otros parados del ‘sur’ de Europa les habrá sucedido lo mismo.
Racismo institucional insolente y consentido por ineptos politicastros locales. ¿Sucedería esa deplorable actitud si aquí en justa réplica administrativa se fuese con la letra pequeña, e incomodidades burocráticas sin fin, contra los intereses comerciales de los Países Bajos y sus residentes afincados por estos lares que fingen ser ‘turistas’ para eludir impuestos? Claro que no. Peligraría nuestra ganada a pulso condición de mayores frikis masoquistas del universo, y no les repugnaría ya ser ciudadanos de este Estado hasta a numerosos asturianos y burgaleses (hay que entrenar mucho para alcanzar tamañas cumbres).
¿Han pensado algo los españolísimos próceres que nos maladministran -no infrecuentemente vendidos a foráneos intereses- con respecto a la situación de las decenas de miles de hijos descendientes del exilio económico autóctono que viven en los Países Bajos y áreas adyacentes? El ascenso de la ultraderecha racista y xenófoba de Geert Wilders, candidato a las Generales en marzo, en realidad oculta una nueva vuelta de tuerca segregadora y ruin, ya iniciada por el derechista partido del que se escindió, el Partido Popular del actual primer ministro Mark Rutte. Y la legalización de un partido nazi en Alemania por su Tribunal Constitucional -¿quizá no deshitlerizado?-; así como la política de Merkel de no presionar a los criminales gobiernos del Este europeo y balcánico que condenan a morir de frío y en el matadero del Mediterráneo a los refugiados, tampoco auguran nada bueno para la democratización de Europa (un verdadero socialgeriátrico, sin casi savia joven si excluimos a los inmigrantes… ¿así quién cotizará mañana para pagar pensiones y servicios públicos?).
Estos populismos reaccionarios alcanzan el paroxismo, la hipocresía y el cinismo más abyectos si analizamos la trayectoria del postulante al sillón de primer ministro. Geert Wilders, en la línea chovinista de partidos nacionalistas escandinavos, o de Le Pen en Francia, ansía la hegemonía por presuntos criterios étnicos supremacistas. No les inquieta a ciertos nórdicos de relumbrón que sus antepasados vikingos/ normandos, para evitar la endogamia y los casos de taras genéticas aparejados, surcaran los mares para traer esclavos de otros países que durante sus correrías fecundaban al descuido a sus mujeres. A caraperro ‘ario’ de pacotilla, los Populares neerlandeses, se presentan de ‘racialmente puros’, pretensión ridícula proviniendo la mayoría de tribus asiáticas en sucesivas oleadas -excepto los lapones-, y máxime tras haberse descifrado el ADN humano, el cual invalida las hipótesis racistas delirantes de la medicina nazi.
Más aún, vale que a nuestro sefardí descendiente de exiliados, el nacido en Ámsterdam Baruch Spinoza, algunos cabezacuadradas no le consideren propio. Ellos se lo pierden. Pero ¿tampoco al no menos tolerante humanista y librepensador universal Erasmo de Rotterdam, el cual condenó la incitación criminal a la discriminación religiosa, al belicismo, jugándose la vida numerosas veces por sus convicciones? ¿Seguro que este gigante del espíritu humano no representa el arquetipo de neerlandés, y cualquier pretenciosa cagarruta xenófoba criptofachorra y avarienta sí…?
Geert Wilders, natural de la germanizada Venlo – a sesenta Kms de Düsseldorf, capital de Renania del Norte-Westfalia, región con más leches eslavas emigradas allí que en una central láctea -, el pulcro político profesional de cejas depiladas, a ratos teñido con reflejos dorados, que lleva por seudónimo artístico ‘Scarlet Pimpernel’ (Pimpinela Escarlata), islamófobo ‘ad nauseam’ con basura propagandística producida por él mismo, tiene unas motivaciones muy claras para inculcar el odio hacia los marroquíes inmigrantes allá, su especialidad. Demasiado claras. Y en las que Almería y su sector agrícola tienen un protagonismo singular, como enseguida veremos.
El pelotazo que han dado, y todavía se conceden, intermediarios comerciales de los Países Bajos llevándose la parte del león gracias a los ‘negritos’ -o zulúes- almerienses, forma parte de la antología de la idiocia o la mezquina desaprensión. No únicamente por el monopolio de semillas transgénicas que cobran literalmente a precio de oro (¿la milenaria Cultura del agro o Agricultura no consistía en que la mejor simiente frutal de lo cultivado se utilizaba para futuras replantaciones, sin esterilizaciones o transgénicos de laboratorio impuestos?). Los señoricos de los Países Bajos, incluida Holanda, se reservan lo mollar del negocio hortofrutícola para después forrarse con los alemanes -o por avión hasta con las Petromonarquías árabes, etc- en la reventa de los productos del campo. ¿Tan pocas luces existen en la trazabilidad de los productos para no darse cuenta, plenamente, de los millones de euros que dejan de ganar por no hacerlo delegados mercantiles de las Cooperativas en persona, abriendo nuevos mercados, sin intermediaciones…?
El Mar de Plástico, sus decenas de miles de hectáreas invernadas, se ha calculado que producen alimentos para más de cincuenta millones de personas. No hay duda, para los supremacistas ‘blancos’ que desprecian a los torpes y divididos mediterráneos del ‘sur’, la inquietante competencia de esos espabilados y acaudalados mercachifles holandeses/ neerlandeses/ flamencos, son los marroquíes afincados en Andalucía, con lazos de parentesco con otros en el País de los Tulipanes, los cuales podrían establecer canales comercializadores alternativos dando mayor margen de beneficio a los productores almerienses, y a sus socios u operarios magrebíes.
Aunque tranquilos, nadie planteará un boicot a los productos holandeses, o a sus nacionales vecinos nuestros. Estos desafueros y pésima planificación económica nos traen sin cuidado. Tanto la ‘izquierda anticapitalista’ -no cuento a la finiquitada PSOE en el limbo- como la derecha vaticanoide tan sólo están para los maximalismos doctrinarios de sus masturbaciones mentales ridículas, cuando no para competir por aposentarse en sus poltronas. En efecto ambos, pardos o colorados, son enemigos del comercio, siempre sospechoso para los castellanoviejos cañís de opereta en la Colonia-‘sur’… ¡ni siquiera consideran una prioridad la electrificación ferroviaria hasta Algeciras, quinto Puerto de Europa, frente al Estrecho con más tráfico de mercancías navales del mundo!
Esta malhechora desidia de proporciones míticas nos evoca paralelismos con culturas de otras latitudes. En el comienzo del tiempo de los hombres, Unkulunkulu, (protoancestro divinizado entre los zulúes) emergió del Vacío. Creó el primer ser humano de la hierba. Al acercarse la vejez a su criatura, envío un mensajero camaleón para anunciarle el regalo de la inmortalidad. Se retrasó en exceso comiendo, y su dios primordial quedó decepcionado al no obtener respuesta, por lo que entendió ingratitud. Entonces mandó un lagarto que sin detenerse le advirtió que se tornaría mortal, condenándonos al Campo de las Malvas a todos.
Lagarto-lagarto… no dejemos al camaleón naranja zampar demasiado si no queremos decaer aún más, extinguirnos demasiado pronto. Y si no deseamos que al final, de pardillos en nuestra propia tierra, los guiris de los Países Bajos no paren hasta terminar de machacarnos, como antaño sus lejanos parientes a los zulúes.
Al-Hakam Morilla Rodríguez, Coordinador de Liberación Andaluza: @lascultura
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